Si el hinduismo es la religión nacional de la India, es porque tiene algo que ofrecer a cada uno: el misticismo y la metafísica al docto, ceremonias con colores al pueblo, austeridad y sensualidad, serenidad y frenesí.
Basado en los antiguos cultos indígenas y los preceptos vedicos de los Indo-Arios, el Hinduismo empezó a tomar su forma actual al final del siglo IV, bajo la presión del pueblo, en particular en el Sur Dravidiano, que reclamaba una religión más accesible.
Se supone que el panteón Hindú contiene 330 milliones de dioses, pero también se pueden considerar como las 330 milliones de facetas de una misma divinidad. Los màs importantes son Brahma, Vishnu y Shiva. Se los representa a menudo en Occidente como trinidad, pero la comparación con el concepto de trinidad cristiano es engañosa.
Los “3 grandes” no gozan de un estatuto de igualida. Vishnu, el conservador, esta considerado por sus admiradores como un Dios universal y benévolo, del ombligo de quien salió un loto llevando Brahma, cuya única tarea fue crear el mundo. Habitualmente representado bajo el aspecto de un personaje con 4 brazos y sujetando una porra, un conque, un disco y un loto, Vishnu tiene múltiples encarnaciones, tomando entre otra cosas, la forma de un pescado, de una tortuga, de un jabalí, de un enano y – el más famoso- la de Krishna, el cual aparece a su vez en héroe triunfando, en prolífico amante tocando la flauta o en malévolo bebé. La esposa de Vishnu, Lakshmi, es la diosa de la suerte.
Shiva es el destructor. Lleva alrededor de su cuello y de sus brazos una guirnalda de cráneos y serpientes. Es el Dios del tiempo, de los ascetas, es el gran sabio que decide la suerte del mundo de la cumbre del Himalaya. Las aguas del Ganges pasan a través de su cabellera. Señor de los animales, rey de la dansa, simbolizado por el lingam phallique, Shiva es tan ardiente como Vishnu es sereno.
Pero hay que saber que Vishnu también destruye y que Shiva también crea a partir del renacimiento.
Shiva tiene para esposa la virtuosa Parvati, que puede tomar la forma de la terible Durga o la de Sosa, diosa de la destrucción.
Al siglo XIX, reformadores tal como el brahman del Bengala Ram Mohan Roy, procuraron quitar al Hinduismo su idolatría y sus prácticas primitivas. La auto-inmolación de las vuidas, acto comúnmente denominado sati (una viuda no “hacía” el sati, pero “volvía a ser” sati -que significa“mujer virtuosa”-subiendo a la hoguera de su marido) práticamente desapareció, pero las representaciones de dios-mono Hanuman y de dios Ganesh con cabeza de elefante son siempre visible sobre los indicadores de los taxis como en los templos de campaña. Y nadie piensa a negar la santidad de la vaca y de sus cinco productos: Leche, cuajada, mantequilla, orina y estiéricol.
La ética Hindú enuncia 3 principios de vida que representan la vía del Mosha (salvación): la virtud, la prosperidad honradamente adquirida y el placer.
Las relaciones del Hindú con las realidades duras de la vida diaria son reguladas por la teoría del Karma. Esta palabra, que significa literalmente “acto”, engloba el conjunto de los actos realizados por un individuo en sus existencias previas y que determinan su condición actual. En cuanto al presente, contiene la promesa de una reencarnacion mejor.
Si es cierto que esa doctrina sirvió para mantener la estricta jerarquía del sistema de castas, no tiene realmente un carácter tan “fatalista” como se pretende. Los Hindús dicen que no se puede escapar de su Karma, pero que si uno tiene juicio y previsión, el puede siempre sacar ventajas de su condición.
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